El crecimiento descontrolado plantea serios riesgos sanitarios. La ropa usada, a menudo proveniente de donaciones masivas en países desarrollados, puede portar bacterias resistentes
Las importaciones de ropa usada en Argentina experimentaron un boom sin precedentes en 2025, multiplicándose por más de 40 veces en los primeros ocho meses del año en comparación con todo 2024, según datos de Aduana y la Cámara Industrial Argentina de la Indumentaria (CIAI). Este fenómeno, impulsado por la apertura comercial del Gobierno de Javier Milei, inunda el mercado con prendas baratas de China, EE.UU. y Europa, pero genera alertas por posibles riesgos sanitarios al ingresar sin controles estrictos.
Las cifras revelan un salto monumental: en enero-agosto, se importaron 23,3 millones de prendas usadas, un aumento del 135% interanual, alcanzando un valor de unos USD 421 millones en total para el sector textil (incluyendo nueva y usada). Provenientes mayoritariamente de Asia (China con precios unitarios de USD 12,8 por prenda), estas importaciones representan el doble de las de 2024 y superan récords desde 2018. Expertos atribuyen el furor a precios 20% más bajos que la producción local, beneficiando a feriantes y comercios de barrio, pero golpeando a la industria nacional con caídas del 17% en exportaciones (solo USD 12 millones).

Sin embargo, el crecimiento descontrolado plantea serios riesgos sanitarios. La ropa usada, a menudo proveniente de donaciones masivas en países desarrollados, puede portar bacterias resistentes como Staphylococcus aureus o hongos como el pie de atleta, según alertas de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y el Ministerio de Salud argentino. En Argentina, donde la importación de «segunda mano» no está prohibida pero sí regulada por la Ley 24.240 de Defensa del Consumidor, los envíos evaden inspecciones exhaustivas en puertos como Buenos Aires, permitiendo la entrada de prendas contaminadas con residuos químicos, parásitos o incluso metales pesados de tintes obsoletos.
Casos recientes en Mendoza y Buenos Aires reportaron brotes de infecciones cutáneas vinculados a ropa importada no desinfectada, con el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (Senasa) advirtiendo sobre la falta de protocolos obligatorios para fumigación o lavado industrial. «Es un basural textil que amenaza la salud pública», criticó un informe de la CIAI, que urge controles biométricos y cuarentenas sanitarias para mitigar el impacto en un país con alta vulnerabilidad a enfermedades infecciosas.
El Gobierno defiende la medida como impulsora de la competencia y el acceso a bienes asequibles, pero gremios textiles y ambientalistas exigen regulaciones urgentes para equilibrar economía y salud.