Un informe del Ieral advierte que la actividad se quedó sin tracción: mientras la macroeconomía exhibe superávit fiscal y baja inflación, sectores clave como el textil acumulan caídas del 42,8% y la subocupación escala al 11,5%.
A casi tres años del inicio de la gestión de Javier Milei y del severo programa de ajuste macroeconómico aplicado desde diciembre de 2023, la economía argentina muestra una profunda brecha entre las metas financieras logradas y el nivel de actividad de la economía real. Un reciente estudio del instituto Ieral de la Fundación Mediterránea, elaborado por el economista Marcos Cohen Arazi, concluyó que la actividad «se quedó sin nafta» y se ubica apenas un 2,4% por encima de los valores de noviembre de 2023, el mes previo al cambio de gobierno.
El informe analiza cómo los indicadores presentados por el Ministerio de Economía —como el superávit fiscal, la inflación en niveles bajos y la caída del riesgo país— contrastan con la realidad operativa de comercios, pymes y trabajadores del ámbito privado. Tras la fuerte devaluación inicial, el freno a la obra pública y el recorte del gasto provincial, la fuerte retracción sufrida entre el verano y el otoño de 2024 derivó en un estancamiento en meseta, desestimando la rápida recuperación en «V» prometida por el Ejecutivo.
El trabajo del Ieral destaca una fractura estructural en la matriz productiva del país, dividida en dos realidades contrapuestas, sectores de alta productividad e intensidad de capital: Actividades como la producción hidrocarburífera en Vaca Muerta, la minería en el norte y el complejo agroexportador encabezan los números positivos y sostienen el flujo de divisas hacia las reservas del Banco Central. Sin embargo, por su alta tecnología y naturaleza intensiva en capital, generan un impacto acotado en la demanda masiva de mano de obra. Industria y empleo urbano: Los rubros intensivos en trabajo muestran retrocesos severos. La industria textil encabeza las caídas con un derrumbe acumulado del 42,8%, seguida por la producción de metal (-28%), maquinaria y equipo (-28%) y minerales no metálicos (-27,1%), este último sector fuertemente afectado por la parálisis total de la obra pública. En total, nueve ramas manufactureras registran desplomes de dos dígitos.
Mercado laboral y consumo paralizado
Las mediciones del Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) y los datos de empleo del Indec confirman el enfriamiento de la demanda. Aunque la tasa de desocupación abierta se posiciona en torno al 7,9%, la subocupación demandante escaló al 11,5%, reflejando a una masa de trabajadores que apela a empleos informales o de pocas horas semanales para intentar cubrir el costo de la canasta básica.

Asimismo, la recuperación formal de los salarios frente a los índices mensuales de inflación no alcanza a revertir el deterioro del poder adquisitivo acumulado desde el inicio del proceso devaluatorio. Esta situación mantiene resentido el consumo masivo en comercios de cercanía, lo que a su vez frena la producción industrial y paraliza los proyectos de inversión en el sector privado.
De acuerdo con las proyecciones del Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) del Banco Central, la estimación de crecimiento para 2026 se recortó al 1,5%, cifra que, descontando el aumento poblacional, mantiene el PBI per cápita en niveles similares a los de hace 15 años. El estudio del Ieral concluye que, si bien la eliminación del déficit fiscal y el control de la inflación resultaban condiciones indispensables para evitar un descalabro mayor, el equilibrio fiscal por sí solo no garantiza la reactivación del entramado productivo.