Productores y referentes del sector advierten sobre los riesgos para la calidad de los cultivos, las dificultades para ingresar a las fincas y el aumento de los costos. Las expectativas para la campaña de ajo eran favorables, pero el exceso de humedad genera incertidumbre en plena etapa productiva
Las intensas lluvias registradas en Mendoza durante las últimas semanas encendieron las alarmas en el sector agropecuario. El exceso de agua amenaza con complicar la próxima cosecha de ajo, dificulta las tareas en las fincas y aumenta la presión sanitaria sobre distintos cultivos. En este contexto, la productora de ajo Jesica Arias, el presidente de la Cámara de Comercio, Industria, Agricultura y Turismo de Tunuyán (CCIAT), Carlos Dávila, y el productor vitivinícola Diego Stortini coincidieron en advertir sobre las dificultades que enfrenta el sector ante un escenario climático adverso.
Uno de los principales focos de preocupación está puesto en el ajo, un cultivo estratégico para la economía del Valle de Uco y para las exportaciones mendocinas. La campaña 2026-2027 había comenzado con expectativas favorables, impulsadas por una perspectiva de mejores precios y una menor oferta internacional. Sin embargo, las precipitaciones modificaron el panorama y ahora los productores aguardan una mejora en las condiciones climáticas para avanzar con las tareas previstas.
El ajo, entre las expectativas de una buena campaña y la incertidumbre climática
Jesica Arias, productora de ajo, explicó que los primeros meses de la temporada habían generado optimismo, especialmente por las perspectivas comerciales que se observaban en los mercados internacionales. “Se estimaba que el precio iba a mejorar y que la temporada iba a ser mucho mejor que la de los años anteriores, que estuvieron bastante malos”, señaló. Según explicó, la producción se había desarrollado de acuerdo con lo esperado, aunque los valores de venta no habían alcanzado para cubrir adecuadamente los costos y garantizar la rentabilidad que esperan los productores.

El escenario cambió con la llegada de las intensas lluvias. Arias advirtió que la humedad excesiva puede afectar la calidad del ajo, generar manchas en los bulbos y comprometer su comercialización, especialmente en las variedades destinadas a mercados exigentes.
“Lo que llueve en todo un año en Mendoza ha llovido en menos de un mes, aproximadamente”, sostuvo.
La preocupación aumenta porque la cosecha debería comenzar en alrededor de dos semanas. Si las condiciones del tiempo no mejoran, el ingreso de camiones y trabajadores a las fincas podría convertirse en una dificultad adicional, debido al barro y a los surcos anegados.
La productora remarcó que el ajo blanco requiere condiciones de calidad particularmente estrictas para ingresar a determinados mercados internacionales, como Estados Unidos y México. Una mancha en el producto puede representar un problema comercial, mientras que otras variedades, como el ajo morado, ofrecen cierto margen de tolerancia, aunque tampoco están exentas de los riesgos.
A las dificultades para cosechar se suma la necesidad de realizar tratamientos sanitarios en los cultivos. Ante la imposibilidad de ingresar con maquinaria a determinados terrenos, algunos productores están recurriendo a aplicaciones con drones, una alternativa que permite trabajar con mayor rapidez, pero que implica costos elevados. “Es todo un desafío. Ojalá que cesen un poco las lluvias y que le den lugar al productor para poder trabajar y cosechar su producto”, expresó Arias.

El Valle de Uco ya acumula hasta seis veces más lluvia de lo habitual
Por su parte, Carlos Dávila, presidente de la CCIAT, dimensionó la magnitud del fenómeno y explicó que las precipitaciones superaron ampliamente los registros habituales para octubre en el Valle de Uco. De acuerdo con los datos mencionados por el dirigente, el promedio de lluvias para este mes se ubica entre 35 y 40 milímetros. Sin embargo, cuando todavía restan días para finalizar octubre, ya se habían superado los 150 milímetros, con sectores que registraron valores aún mayores.
Esto representa entre cinco y seis veces el volumen de precipitaciones de un octubre promedio, una situación que, según Dávila, inevitablemente tendrá consecuencias sobre la actividad agrícola. En el caso del ajo, el exceso de humedad podría afectar los calibres y la calidad del producto. También existe preocupación por la sanidad de los cultivos, especialmente en aquellos lotes donde no se hayan podido completar los últimos tratamientos con fungicidas.

El dirigente destacó que el sector trabaja para coordinar acciones entre productores, galpones de empaque e industriales, con el objetivo de compartir información meteorológica confiable y organizar las tareas de acuerdo con las ventanas de buen tiempo.
“Hoy más que nunca el galpón, el comprador y el industrial están tan preocupados como el productor”, explicó, al subrayar la importancia de mantener conectada toda la cadena de valor para preservar la calidad y reducir las consecuencias del fenómeno climático. Las expectativas comerciales para esta campaña continúan siendo mejores que las del año pasado. La menor superficie implantada en el Valle de Uco y en Brasil, sumada a una reducción de la oferta china por problemas climáticos y logísticos, había generado perspectivas favorables para el ajo mendocino. No obstante, Dávila advirtió que el resultado final dependerá de cómo evolucione el tiempo durante las próximas semanas.
La importancia del cultivo también se refleja en su peso económico. El Valle de Uco cuenta con más de 10.000 hectáreas de ajo, lo que lo convierte en el segundo cultivo de la región en superficie, detrás de la vid. Además, después del vino, el ajo representa uno de los principales productos de exportación de Mendoza.
Por eso, una campaña afectada por las lluvias no solo tendría consecuencias para los productores, sino también para el empleo, la actividad industrial y el ingreso de divisas a la provincia.
Preocupación por los frutales y la vitivinicultura
El impacto de las precipitaciones no se limita al ajo. Dávila advirtió que la humedad también comienza a reflejarse en la sanidad de los durazneros, con preocupación por enfermedades como la torque y la viruela, mientras que otros cultivos, como la cereza, la vid y el tomate, enfrentan sus propias dificultades.
En el caso de la cereza y la vitivinicultura, las condiciones climáticas de los próximos meses serán determinantes para el desarrollo de la temporada. En tanto, la preparación de los suelos para la plantación de tomate también se ve condicionada por el exceso de agua, que dificulta el ingreso de maquinaria y la ejecución de las labores necesarias.
El uso de drones aparece nuevamente como una alternativa para sostener los tratamientos sanitarios. Sin embargo, Dávila señaló que la demanda de estos servicios supera actualmente la disponibilidad, lo que limita su acceso y eleva los costos.
La situación plantea un desafío para toda la producción primaria, desde la horticultura hasta la fruticultura y la vitivinicultura, en un escenario en el que el clima se presenta como una de las variables menos controlables de la actividad.
Una campaña que exige más recursos en un contexto económico complejo
Desde el sector vitivinícola, Diego Stortini describió un panorama igualmente complicado. El productor recordó que septiembre estuvo marcado por heladas intensas que ocasionaron pérdidas productivas en las zonas afectadas, mientras que las lluvias de octubre y las previsiones para noviembre agregan nuevas dificultades.
Stortini explicó que el barro impide ingresar con normalidad a las fincas, retrasa las tareas y genera cuellos de botella en los trabajos agrícolas. A esto se suma una mayor presión sanitaria, especialmente por enfermedades de origen fúngico, que obliga a prestar especial atención a los tratamientos preventivos. No obstante, aclaró que todavía es prematuro proyectar pérdidas generalizadas en la vitivinicultura, ya que la temporada se encuentra en una etapa primaveral y aún falta tiempo para llegar a la cosecha.

“El riesgo todavía es muy grande, así que hay que prepararse. Hay que estar muy bien planificado y muy bien equipado”, sostuvo.
El problema, según señaló, es que no todos los productores cuentan con los recursos económicos necesarios para afrontar una campaña que demanda más insumos, combustible, horas de maquinaria y trabajos sanitarios. “Es muy distinto encarar esta campaña con un mango en el bolsillo que sin un mango en el bolsillo”, expresó Stortini, al describir las dificultades de quienes llegan a esta etapa con una situación financiera debilitada.
En años climáticamente favorables, explicó, los productores pueden afrontar las tareas con mayor margen. Pero cuando se combinan heladas, lluvias persistentes y mayores exigencias sanitarias, la falta de capital puede comprometer la capacidad de respuesta de las fincas.
La irregularidad del tiempo también reduce considerablemente las jornadas de trabajo disponibles. Stortini indicó que, para la semana siguiente, las previsiones contemplaban apenas dos días de sol, una situación que obliga a reorganizar las tareas y aprovechar cada ventana de buen tiempo.
La producción, a la espera de una mejora del tiempo
Las advertencias de Arias, Dávila y Stortini reflejan una preocupación compartida por los distintos sectores del agro mendocino. El exceso de precipitaciones amenaza con afectar la calidad de los cultivos, encarece las labores y obliga a modificar los calendarios de trabajo.
En el caso del ajo, la proximidad de la cosecha agrega presión a una campaña que había comenzado con perspectivas comerciales alentadoras. Para la vitivinicultura y la fruticultura, en tanto, la prioridad pasa por sostener los tratamientos sanitarios y aprovechar los períodos en los que sea posible ingresar a las fincas.
Mientras los productores aguardan una mejora de las condiciones meteorológicas, el desafío será minimizar los daños, coordinar los recursos disponibles y preservar la calidad de la producción. El resultado de las próximas semanas será determinante para conocer hasta qué punto las lluvias modificarán las expectativas de una de las principales actividades económicas de Mendoza.